En Septiembre de 1944 me había desplazado a Sevilla para examinarme de ingreso en Bachiller junto con varios de mis compañeros de clase, con la diferencia de que ellos iban acompañados de su familia y yo absolutamente sólo. Al tiempo de salir para la estación del ferrocarril, Don José, mi Maestro, al tiempo que apretaba cariñosamente su mano derecha sobre mi cuello, me decía casi al oído susurrando: “venga Federico tú vas bien preparado y eres capaz. Volverás aprobado ¡Suerte!”. Efectivamente, así fue y también gracias a mi tenacidad, pues cuando yo vi aquél inmenso edificio que era y es el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza San Isidoro de Sevilla, me quedé atónito y triste al verme tan sólo, mientras mis compañeros tuvieron a sus familiares en la puerta del aula hasta el mismo momento de entrar a examen. Ahí empezó mi coraje en luchar por aquello que me proponía y cambiar de una vez mi situación. Sólo estudié el primer curso y como las circunstancias económicas no lo permitieron ni siquiera pude presentarme a los exámenes en el referido Instituto. Recuerdo el gran disgusto que teníamos todos, principalmente mis padres, mi Maestro y yo. Mi padre me dijo: “hijo sé la gran ilusión que tienes por estudiar, yo también, pero me es imposible poder costearte una pensión en Sevilla, así que habrás de esperar a cumplir los dieciocho años para poder alistarte voluntario en el Ejército y a partir de esa situación ya todo dependerá de ti. Ante esta circunstancia tuve que empezar seriamente mi aprendizaje en la Barbería. Anteriormente sólo era a ratos y para que me fuera acostumbrando.sábado, 18 de julio de 2009
PRIMERA PARTE 1938-1948. CAPÍTULO 16º: "Solo ante el futuro"
En Septiembre de 1944 me había desplazado a Sevilla para examinarme de ingreso en Bachiller junto con varios de mis compañeros de clase, con la diferencia de que ellos iban acompañados de su familia y yo absolutamente sólo. Al tiempo de salir para la estación del ferrocarril, Don José, mi Maestro, al tiempo que apretaba cariñosamente su mano derecha sobre mi cuello, me decía casi al oído susurrando: “venga Federico tú vas bien preparado y eres capaz. Volverás aprobado ¡Suerte!”. Efectivamente, así fue y también gracias a mi tenacidad, pues cuando yo vi aquél inmenso edificio que era y es el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza San Isidoro de Sevilla, me quedé atónito y triste al verme tan sólo, mientras mis compañeros tuvieron a sus familiares en la puerta del aula hasta el mismo momento de entrar a examen. Ahí empezó mi coraje en luchar por aquello que me proponía y cambiar de una vez mi situación. Sólo estudié el primer curso y como las circunstancias económicas no lo permitieron ni siquiera pude presentarme a los exámenes en el referido Instituto. Recuerdo el gran disgusto que teníamos todos, principalmente mis padres, mi Maestro y yo. Mi padre me dijo: “hijo sé la gran ilusión que tienes por estudiar, yo también, pero me es imposible poder costearte una pensión en Sevilla, así que habrás de esperar a cumplir los dieciocho años para poder alistarte voluntario en el Ejército y a partir de esa situación ya todo dependerá de ti. Ante esta circunstancia tuve que empezar seriamente mi aprendizaje en la Barbería. Anteriormente sólo era a ratos y para que me fuera acostumbrando.jueves, 25 de junio de 2009
PRIMERA PARTE 1938-1948. CAPÍTULO 15º: "La escuela de la posguerra"

Posteriormente, en el 38, nació María Eugenia y en el 40 Manolito que, desgraciadamente murió a los cinco años víctima de la epidemia de tifus del año 1945. Murieron bastantes jóvenes de ambos sexos, amigos y compañeros de la Escuela. Mi hermano Jacobo estuvo a la muerte pero, como otros tantos, tuvo la suerte de salvarse. Aún lo recuerdo en el lecho, con el rostro desfigurado, prácticamente muerto, recibiendo la extremaunción. ¡Cuánto debieron sufrir mis padres! Esto lo entendí bien cuando me hice mayor y tuve mis propios hijos.
Don José estuvo diez años en Alanís del 37 al 47. Se incorporó en Salteras adonde había pedido traslado harto del caciquismo de Alanís y para estar más cerca de Sevilla, en favor de los estudios de sus hijos. Allí tuve el inmenso placer de visitarle unos años después. Compartimos varias horas de charla muy interesantes y ambos sentimos una gran alegría por el reencuentro. Según María Eugenia, se jubiló en Camas el año 1967. También por ella supe que murió su hermano Pepe, bastante joven todavía, lo que me dio mucha pena.
Como Maestro nuestro, se comportó prudente y no llegaron informes raros sobre él. Además era un gran Maestro, cayó bien a todos. También deseabamos muchísimo que llegara otro Maestro, ya que, el dichoso Don Francisco Quiñones que sustituyó a Don Jerónimo Alemán, era nefasto, sólo se preocupaba del brasero y tomar el sol en el invierno, y en verano se iba al fresquito del patio de la casa, que era propiedad de Reyes Cano, en la calle Juan de Castellano esquina con la calleja Manzanares, junto a la panadería de “Los Adriano”. Esta era vivienda y escuela. Llegaba a quedarse dormido en su mesa y cuando los niños se ponían a jugar y vociferar se sobresaltaba y la emprendía a mamporros con los nudillos, a mano cerrada, sobre nuestras cabezas. Era franquista y por lo tanto nos tenía casi todo el tiempo cantando el “Cara al Sol”.
Don José estuvo diez años en Alanís del 37 al 47. Se incorporó en Salteras adonde había pedido traslado harto del caciquismo de Alanís y para estar más cerca de Sevilla, en favor de los estudios de sus hijos. Allí tuve el inmenso placer de visitarle unos años después. Compartimos varias horas de charla muy interesantes y ambos sentimos una gran alegría por el reencuentro. Según María Eugenia, se jubiló en Camas el año 1967. También por ella supe que murió su hermano Pepe, bastante joven todavía, lo que me dio mucha pena.
Como Maestro nuestro, se comportó prudente y no llegaron informes raros sobre él. Además era un gran Maestro, cayó bien a todos. También deseabamos muchísimo que llegara otro Maestro, ya que, el dichoso Don Francisco Quiñones que sustituyó a Don Jerónimo Alemán, era nefasto, sólo se preocupaba del brasero y tomar el sol en el invierno, y en verano se iba al fresquito del patio de la casa, que era propiedad de Reyes Cano, en la calle Juan de Castellano esquina con la calleja Manzanares, junto a la panadería de “Los Adriano”. Esta era vivienda y escuela. Llegaba a quedarse dormido en su mesa y cuando los niños se ponían a jugar y vociferar se sobresaltaba y la emprendía a mamporros con los nudillos, a mano cerrada, sobre nuestras cabezas. Era franquista y por lo tanto nos tenía casi todo el tiempo cantando el “Cara al Sol”.
Era mal enseñante..., o no quería. En el pueblo no dejó buen recuerdo. Seguro que también lo pasó mal pues además de la escasez de alimentos y el poco sueldo, tenía muchos hijos. Era bastante mayor, si no se jubiló en Alanis donde estuvo pocos años, posiblemente sería en el siguiente destino. Le recuerdo ahora mismo como si lo tuviera delante. Yo creo que llegué a tenerle bastante miedo, a pesar de ser un niño prudente y aplicado (según de mayor me confirmaba mi familia). Por ello, entre mi negación a asistir a su Escuela y lo mal enseñante que era mi padre tomó la decisión de cambiarme de profesor y me asignó a Don José. Esta decisión recuerdo que me dio una gran alegría.
martes, 9 de junio de 2009
PRIMERA PARTE 1938-1948. CAPÍTULO 14º: "De matemáticas al cine"
Progresaba bastante en los estudios de la Primera Enseñanza especialmente en Gramática, Historia y Geografía. Tampoco se me daban mal las Matemáticas, es verdad que me gustaba menos pero mi gran Maestro Don José Florencio Reina que era un excelente matemático y estupendo enseñante de esta materia, ponía mucho empeño hasta que “te entraba en la cabeza”. Casi diariamente, Don José me colocaba a su lado para que leyera una página de El Quijote, aparte de que era uno de los que mejor leía, es que además a los otros niños les daba “vergüenza”. Esta ocasión me servía para subir mi ego y me empeñaba en hacerlo cada vez mejor. Siempre que pedía un voluntario para salir al estrado y desarrollar en la pizarra alguna materia sobre gramática, matemática u otro tema, allá que iba yo. Don José, debió llegar al pueblo para el curso de 1937/38. Procedía de Gerena (Sevilla)de donde prácticamente se vio obligado a pedir traslado, pues al no significarse con el franquismo no contaba con “la simpatía” de las autoridades y “elementos” afines que le tenían envidia. Según me confirma ahora su hija, mi entrañable amiga María Eugenia. Llegaron a suspenderlo por un año de empleo y sueldo sólo por tener ideas de izquierda, sin meterse en nada pues era un hombre prudente. Su esposa se llamaba Irene Trócolis Ubeda, era una mujer muy guapa, sumamente prudente, también, como su marido, agradable y buena persona lo que hizo que se granjeara rápidamente la simpatía y el buen trato de todo el pueblo. Llegaron a Alanís con un hijo, Pepito que, aunque era mayor que yo tres años, llegamos a ser muy buenos amigos y hasta montamos una “gran industria cinematográfica juvenil”. Él, con su ingenio, preparó con una caja de zapatos y una lente que le quité yo a unas gafas de mi abuela, la revolucionaria máquina de cine. Yo hacía los dibujos sobre tiras de papel transparente copiando de los tebeos, repitiéndolos mucho, de tal forma que conseguíamos que se movieran. El cine lo montábamos en un “tinaón” de la parte trasera de la casa de Antoñito “el de Adelina”, otro amigo y compañero del colegio de la edad de Pepito. Nos convertimos en tres socios. Antoñito se ponía en la puerta y cobraba una “perra gorda” por cada entrada. Teníamos bastante éxito “artístico-comercial”. Por lo que nos repartíamos “pingües beneficios”. Yo ingresaba parte en la alcancía y el resto para golosinas y tebeos.
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