A la sazón nos encontramos allá por el año de mil novecientos treinta y nueve, en los primeros meses que siguen a la terminación de la cruenta y desgraciada guerra civil española de 1936. La economía, como la de todos los pueblos de esta comarca serrana, es agrícola y ganadera; por tanto, de muy escasos recursos para la mayoría.
Propietarios importantes hay muy pocos (a estos se les llamaba "ricos" o "señoritos"). Algo más medianos, pero siempre en minoría, respecto del total de los habitantes, son los dueños de pequeñas fincas rústicas, "mayetes" o "riquitos". Es decir: los que teniendo la propiedad del terreno, son ellos mismos los que lo labran o pastorean, no con poco esfuerzo y penuria, para subsistir y siempre al pie del terruño. A estos dos grupos hay que agregar el de arrendatarios y aparceros.
El apartado de profesionales con título lo componían dos médicos, un veterinario, un ayudante de éste, conocido por el maestro herrador, un practicante (lo que ahora son los enfermeros o A.T.S.), una matrona, un sacerdote católico o cura. Como escuela habían dos maestros, dos maestras y dos personas mayores que daban clases muy elementales, especialmente a los párvulos e hijos de jornaleros campesinos que sólo pueden acudir de noche. Por estas clases cobraban muy poco, a veces nada. Creo que las autoridades nunca agradecieron esa labor tan humana y altruista. Eran dos hermanos, se llamaban Pedro y Antonia Milán.
En el apartado de funcionarios del Ayuntamiento había dos municipales o policías locales, un alguacil, un barrendero y un enterrador.
El resto de habitantes lo cubrían otras profesiones que paso a enumerar: dos sastres y algunas costureras, un cartero, tres maestros de obras, trabajadores in situ junto a unos veinte albañiles, a veces más. Después estaba una gran mayoría de jornaleros o jornaleras en época de recolección de aceitunas y cereales, lo que suponía una importante fuente económica para el pueblo por tener Alanís un buen porcentaje en tierras de olivos, siembra y cría de ganado lanar y porcino. En la recolección de cereales, aunque es temporada corta, consiguen bastante trabajo segadores, arrieros y peones. También había algunas faenas para mujeres como era la de espigadoras.
En casas de labor o pastoreo existen algunos, aunque pocos, encargados o manijeros y en mayor número jornaleros y pastores (muchos de ellos aún niños) empleados todo el año.
Como criadas, niñeras, encaladoras y lavanderas, habría unas treinta mujeres, algunas eran casi niñas.
La industria era pobre: dos molinos productores de aceite que, como ya digo antes, solo funcionan dos o tres meses al año, según cosecha; cuatro panaderías, que la trabajaban sus propios dueños con unos ocho ayudantes entre todas ellas; un molino triturador de cereales, movido por fuerza hidráulica, atendido por sus propio dueño y su hijo; un modestísimo horno de tejas y ladrillos que trabajaban a mano, su dueño y sus tres hijos.
Sobre el comercio: existían unas diez tiendas, prácticamente sin especialización alguna. Se vendía de todo. Cinco son mayores o más importantes, el resto son pequeñas. Dos expendedurías de tabacos (estancos) y dos pescaderías muy modestas que, prácticamente, vendían la mercancía por las calles a base de vocear y si no la terminaban, la vendían en sus casas.