domingo, 26 de junio de 2011

PRIMERA PARTE (1938-1948) Capítulo 23: La edad del pavo


Después empezaron los paseos (prematuros) con “las niñas”, la asistencia a los bailes, en las primeras horas (permiso restringido) y esa iniciación, naturalmente, restaba tiempo a la cultura ¡qué pena! no entenderlo a tiempo, a pesar de tan buenos consejos recibidos por el buen tutor y amigo Guzmán.
No obstante, yo no dejaba de estudiar y además mi padre cada vez me ocupaba más en la Barbería, lógico, por su empeño en que aprendiera el oficio cuanto antes. Por si fuera poco, empecé también a ayudar a mi tío Pepe en la Cartería, sustituyendo a mi buen amigo Luis Lora, veterano del Liceo cuando yo jugaba con los juveniles. Cuando escribía esto, aún nos veíamos por el pueblo algunas veces que coincidíamos. Ya nos dejó también. Era un buen sujeto. Por este tiempo, fue cuando tomé algunas representaciones comerciales, de las que ya hablé antes.

miércoles, 12 de enero de 2011

PRIMERA PARTE (1938-1948) Capítulo 22: Metamorfosis

Después empezaron los paseos (prematuros) con “las niñas”, la asistencia a los bailes, en las primeras horas (permiso restringido) y esa iniciación, naturalmente, restaba tiempo a la cultura ¡qué pena! no entenderlo a tiempo, a pesar de tan buenos consejos recibidos por el buen tutor y amigo Guzmán. No obstante, yo no dejaba de estudiar y además mi padre cada vez me ocupaba más en la Barbería, lógico, por su empeño en que aprendiera el oficio cuanto antes. Por si fuera poco, empecé también a ayudar a mi tío Pepe en la Cartería, sustituyendo a mi buen amigo Luis Lora, veterano del Liceo cuando yo jugaba con los juveniles. Aún nos vemos por el pueblo algunas veces que coincidimos. Es un buen sujeto. Por este tiempo, fue cuando tomé algunas representaciones comerciales, de las que ya hablo antes.

sábado, 24 de julio de 2010

PRIMERA PARTE (1938-1948) Capítulo 21: Dinerillo extra

Anteriormente, el año de 1944, el día once de febrero en plena fiesta de Carnaval, volvía yo de asistir a un partido de fútbol, por la tarde, entre nuestro Liceo Club y el Cazalla Balompié. Una de mis tías no recuerdo cual, al entrar en casa me espeta: “ya tienes otro hermanito”. Yo tenía trece años. Acababa de nacer el que sería a lo largo de nuestra vida, hasta que murió tan joven, mi más querido y entrañable hermano.


Por estas fechas, también me ganaba algunas pesetillas extras, para mis gastos, afeitando o cortando el pelo los domingos y días de fiesta, que, aunque se cerraba la Barbería, los clientes que llegaban del campo sabían donde encontrarme y allá que nos íbamos para prestarle mis servicios que, normalmente, pagaban más por ser fiesta y estar cerrada la Barbería, lo que me venía muy bien, a pesar de que, a veces, me fastidiaban bastante porque estaba pasándomelo bien con mis amigos, o jugando una estupenda partida de billar, que tanto me gustaba y sobre todo porque iba progresando cada vez más en el conocimiento de tan magnífico juego, sin dejar de asistir, casi a diario, a casa de Don Leopoldo Guzmán para leer libros maravillosos de aventuras, cuentos, historia y de colecciones extraordinarias como la de Julio Verne y otras, como teatro de autores clásicos magníficos. En este apartado es donde me prestaba más atención el bueno de don Leopoldo, pues todavía me costaba leer bien y digerir los distintos temas planteados. Por cierto que era el único chaval que acudía habitualmente a su magnífica biblioteca, lo que a él le agradaba mucho y quizás, por eso me mimaba. Por esta época hacíamos bastante Teatro, que él dirigía y, a veces, escribía. ¡Nunca le estaré lo suficientemente agradecido!